“La cejilla te permite tener duende en los once tonos” (guitarrista flamenco anónimo del S.XX)

viernes, 4 de mayo de 2018

Scorpions y Still Loving you

En este artículo desentrañamos las peculiaridades que hicieron posible que este grupo de caballeros de dudosa vestimenta (la cual provocaría el cambio de acera literal, no metafórico, en el caso de encontrarlos en una sofocante noche canicular), dieran nacimiento a la power ballad más famosa de la historia.

Primero de todo hemos de desestimar infundados rumores que circulan por la red y que atribuyen el origen a un intento del cantante Klaus Meine de igualar en conquistas amorosas al resto de miembros de la banda. No sin cierta maldad, los que sostienen estas habladurías, achacan a su baja estatura (1,70 es alzarse poco del suelo en el país de Goethe y Mark Spitz), a su alopecia mal disimulada con gorras adosadas al cuero cabelludo con velcro y a su voz nasal, que remite a un constipado perpetuo, sus escasos escarceos sentimentales. Habladurías baratas.

El 1 de Enero de 1984, Klaus Meine lleva a cabo  un encierro de 9 días del que salió con la letra y acordes completos (3 estrofas, un estribillo y 6 acordes. Pocos, pero muy acertados y bien distribuidos).
Parece que en realidad lo que llevó a Meine a la decisión irrenunciable de hacer “la mejor balada de la historia” (según Mader y Faquer, 1985) fue una discusión mantenida con su madre durante la festividad de año nuevo y que transcribimos a continuación:

- Hijo mío, este año que viene… ¿supongo que seguirás con eso de ser estrella del rock, no? 
- Sí, mamá, ¿cómo tengo que explicarte que no es una ventolera? Hacemos música moderna, tú no puedes entenderlo…
- Ya hijo… Sé que tienes que componer canciones para tus amigotes, que a tu edad es normal ser algo díscolo, pero… ¿y tu pobre madre? ¿No podrías hacer una canción que pueda gustar por igual a hijas, madres y abuelas? Hazlo por mí, hijo mío, nunca te he pedido nada…

Llegados a este punto de la conversación parece ser que las lágrimas de Ludmilla, madre de Klaus, lo enternecieron hasta tal punto que decidió que “se podía ser duro como el metal y albergar tiernos sentimientos como un pajarillo”.
Y es así como arrancó Steel loving you. Una vez acabada se la enseñó a su madre que, emocionada, comentó:

- Muchísimas gracias hijo. Has compuesto una tonada intemporal.
- Gracias, madre.
- Pero...hay algo más.
- ¿Sí?, ¿qué es?
- Haz el favor de cambiar Steel loving you por Still loving you. Lo primero es una macarrada. ¿De acuerdo?
- Sí mamá. Ahora mismo lo cambio.

Sin duda, son muchas las personas que por primera vez escuchan la historia sobre el verdadero germen de esta canción. Ello ha sido posible gracias a las transcripciones facilitadas por el periodista musical Hans Winter-Komming, que aparecerán próximamente en un volumen que recoge los estremecedores testimonios de varias madres de rock stars.



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